Durante cualquier partido, las cosas pueden salir mal. Un jugador puede estar disparando o pasando mal. El equipo en la cancha puede que no esté trabajando en conjunto como una unidad. Cuando esas cosas empiezan a salir mal, el entrenador principal necesita traer a un suplente para ayudar. Quiere poner al sustituto adecuado en el momento adecuado.
Dios hizo exactamente lo mismo por nosotros. Estábamos perdiendo, y Dios envió a Su Hijo, Jesucristo, el sustituto perfecto para ocupar nuestro lugar. Con su muerte en la cruz, Jesús se convirtió en nuestro sustituto, y por su resurrección nos dio la victoria a nosotros y a toda la humanidad.
Tiempo fuera: Dios se preocupó tanto por nosotros y por nuestra situación que envió a Su Hijo Jesús a morir en nuestro lugar para que pudiéramos ganar en la vida y en la vida venidera.
