El miedo a no ser lo suficientemente bueno. Nos sigue como un resfriado molesto que no se va. Nos asaltan estándares imposibles, creados por nuestras propias percepciones o por las reglas de los demás. Queremos saber que estamos a la altura, que encajamos, que somos aceptados y considerados dignos. Nos ponemos la mira en el éxito, cayendo en la decepción si no logramos lo que percibimos como ese éxito.
Entonces, ¿cómo combatimos la tensión de "nunca es suficiente" con "ya es más que suficiente"?
Aquí está la verdad: eres suficiente. Tal y como tú.
Eres creado de manera intencionada y maravillosa por un Dios amable y con propósito, y lo que Él dice es absoluto. Comprender nuestra identidad en Aquel que formó todas las cosas nos alinea con la certeza de que ya somos dignos a Sus ojos. No nos quiere menos cuando la banda sonora o nuestra actuación no va como nos gustaría. Su cuidado es continuo.
Cuando mantenemos la mirada fija en Él y en quiénes dice que somos, hay una base estable que se solidifica dentro de nosotros y llevamos esta verdad a nuestro juego. Si podemos depositar nuestra identidad en Él, el autor y perfeccionador de nuestra fe, no importa cuál sea el resultado. Cuando estamos anclado en nuestra verdad de que somos hijos de Dios, los retrocesos nos hacen más fuertes. Busca validación solo en Dios.
Preguntas de discusión:
1. ¿Por qué nos preocupa no ser lo suficientemente buenos para Dios?
2. ¿Cuándo tuviste miedo de no ser lo suficientemente bueno?
3. ¿Qué puedes decirte a ti mismo que sea la verdad de Dios en su lugar?
"Dios, hay momentos en los que siento que no soy suficiente, que no puedo hacer lo suficiente o que me gano el favor ante los ojos de los demás, y de Ti. Pero Tú me recuerdas que en Ti soy más que suficiente. Ayúdame a vivir esto cada día con confianza, a llevarlo a mi deporte y a mi vida diaria. Amén."
