Listos:
"Te instruiré y te mostraré el camino a seguir; con mi ojo sobre ti, te daré consejo. No seas como un caballo o una mula, sin entendimiento, que debe ser controlado con mordisco y brida o no se acercará a ti." —Salmo 32:8-9
Conjunto:
Luego de cada partido hay momentos en el vestuario con el equipo y palabras de los entrenadores. Estos momentos a veces están llenos de mucho vítor, alegría y choques de manos. Otras veces no es así en absoluto. Las palabras del entrenador son intensas. El equipo almacena silencio. Probablemente experimentaste ambas cosas. La competencia es un profesor.
Dios habló hace mucho tiempo que nos instruiría, nos mostraría y guiaría en el camino que debemos seguir. En todos los momentos de nuestro día y competición, Dios está ahí con nosotros para darnos este tipo de ayuda. Así como cada juego es un maestro, cada día, Dios es nuestro Maestro. Está justo a nuestro lado para ayudarnos a ver con mayor precisión, escuchar mejor, tomar mejores decisiones y comportarnos de forma más cristiana en nuestro comportamiento.
El Salmo 32:8-9 expone dos opciones. En una de las opciones, escuchamos y escuchamos la instrucción que Él nos da para saber a dónde ir mientras Dios nos observa. La otra opción nos compara con un caballo o una mula, un animal sin entender, así que hay que colocar una brida y un bocado en su boca y en la cabeza para controlarlos y guiarlos. En otras palabras, no seas ignorante ni rechaces la enseñanza y guía que provienen de Él.
La competencia es un profesor. De él aprendemos determinación, fortaleza y trabajo en equipo. ¡Dios es el mejor maestro! De Él aprendemos todo lo que necesitamos para una vida próspera.
Ve:
¿Con qué frecuencia te tomas tiempo para aprender de cada juego para las lecciones clave que muestra?
¿Cuál es una gran lección que aprendiste últimamente? ¿Cómo estás implementando el aprendizaje en nuevas situaciones?
¿Cómo puedes aprender de Dios? ¿Qué hábitos puedes empezar a desarrollar para cerciorarte de que aprendes del mejor maestro?
Entrenamiento:
Prórroga:
"Señor Dios, gracias por quererme lo suficiente y preocuparte profundamente por mí para darme instrucciones claras, guía y consejo. Eres el mejor maestro y elijo escucharte. Dame valor para seguirte cada día. En el nombre de Jesús oro. Amén."
