Hebreos 12:1-3
La competencia es la base de todos los deportes y es esencial para cualquier atleta. Pero el impulso competitivo de los atletas motivados puede parecer contrario al ejemplo de Cristo que estamos llamados a vivir. La competitividad no equivale a naturaleza pecaminosa. De hecho, tu ventaja competitiva puede fomentar la excelencia, dirigir tu pasión por Jesús y mejorar tu rendimiento, así como el de los que te rodean. La clave para honrar a Dios en la competencia es que mantengamos los ojos puestos en Él. Nuestra naturaleza competitiva puede ser un camino hacia la excelencia espiritual y física.
