Nos preguntamos cómo nos comparamos, si todo nuestro esfuerzo está marcando la diferencia y si aquellos a quienes valoramos están satisfechos. Seamos conscientes o no, nuestros padres, entrenadores, colegas de equipo y colegas influyen en nuestra valoración del talento y el juego. Podemos dejarnos llevar por lo que piensa nuestro entrenador mientras estamos en medio del partido, distrayéndonos de estar al 100% en el momento y ajustándonos en lugar de darnos libertad para divertirnos mientras jugamos.
¿Pero quién está juzgando? ¿Con quién o con qué te comparas y dónde te enfocas? Este acto rápido de preguntar qué piensan los demás desvía el foco del presente y nos deforma hacia cosas que ni siquiera están ocurriendo en ese momento.
Aquí está la verdad: la aprobación de Dios es la única aprobación que necesitas.
¡Y la gran noticia es que Dios ya lo aprueba! Eres la niña de Sus ojos y estás oculta en la sombra de Su ala. Te mira con favor y te da paz. Eres su amado, eres elegido y estás apartado. Créetelo. Descansa en sus palabras.
No hace falta que dejemos de mirar su rostro y nos enredemos en ideas falsas sobre lo que dicen los demás. Dios nos ama y se preocupa por nosotros incondicionalmente, y lo que Él piensa de nosotros es lo que importa. Podemos relajarnos en Él, lo que nos anima a jugar relajados y sin estrés, y mantener nuestra concentración en el juego sin asombro ni preocupación.
Preguntas de discusión:
1. ¿Con quién o con qué te estás comparando?
2. ¿Qué te impide buscar solo la aprobación de Dios?
3. ¿Qué necesitas para recordarte hoy sobre el cuidado de Dios?
"A menudo me preocupo por lo que piensan los demás de mí, cómo estoy a sus ojos y qué debo hacer para obtener su aprobación. Me separaste, y ya dices que soy suficiente. Quiero mantener mis ojos fijos en Ti, ocultar Tu verdad en mi corazón y tocar solo para Ti. Amén."
