Nos gusta saber qué va a pasar después. Nos gusta estar preparados, centrarnos en lo que sabemos y qué esperar. En un mundo ideal, todo está trazado para nosotros y cada resultado se nos revela antes de que ocurra.
Pero esto no es la realidad. Rara vez la vida se anuncia de antemano. Llega desordenada, inesperada, e intentamos lo mejor que podemos agarrarla y volver a montarla para ver cómo queda. Quieres saber el resultado de dónde acabarás practicando deportes en la universidad, o incluso profesionalmente. Quieres saber si todas esas horas de sudor y sacrificio merecerán la pena, y una preocupación invisible te consume.
Aquí está la verdad: confía en el Dios de lo desconocido.
Quien formó el fin desde el principio lo tiene todo bajo control. Nada está oculto a Su vista, y nada de lo que ocurre en nuestra vida cotidiana le sorprende. Él es el Alfa y el Omega, el Primero y el Último. Dios ve cómo se desarrollará todo, y Él no cambia. Podemos confiar en Aquel que sostiene las estrellas para sostener nuestros miedos. Sea lo que sea que nos impida una vida plena y abundante, ya no tiene su poder cuando fijamos la mirada en una base firme.
No sabemos lo que viene. Pero sabemos quién manda. Él tiene nuestras vidas esbozadas, y podemos descansar sabiendo dónde acabaremos. Nuestro trabajo es disfrutar del viaje y vivir la alegría de nuestro deporte.
Preguntas de discusión:
1. ¿Qué incógnitas estás enfrentando ahora mismo?
2. ¿Cómo te da consuelo saber que Dios ve todo?
3. ¿Qué puedes hacer para confiar tu desconocimiento a Dios hoy?
"Señor, hay tantas incógnitas en esta vida. Tanto de lo que ocurre es inesperado. Quiero saber qué viene, pero no siempre das respuestas; Te entregas. Que descanse en confianza en Ti, mi piedra angular y firme base. Amén."
